martes, 23 de octubre de 2012

#LA: San Diego, Santa Mónica y Los Ángeles (Post 6)

Toca ir hacia el sur y conocer otro paraje más de California. San Diego. Antigua San Miguel, muy cercana a la fronteriza mejicana ciudad de Tijuana y sede de la mayor flota naval del mundo. Nos invitan a conocer el Sea World, con sus funciones de ballenas, delfines y orcas. Me paro a saludar a Ulisses, famosa orca que hizo las delicias de miles de niños en el zoo de Barcelona y que ahora vive aquí. Es la única a la que puedo saludar en catalán, aparte de a mis padres. Divertidos espéctaculos para pasar la mañana y después un volteo rápido con el coche por la ciudad y a llenar el buche en un restaurante a pie de mar donde degustamos pescado fresco y riquísimo.

Al día siguiente dejo a mis padres descansar tranquilamente en San Juan mientras un tren me lleva a Los Ángeles. Mi familia y amigos me acogen y me llevan a conocer más lugares. Volteo de nuevo por Hollywood, pisando estrellas y famosos, visitando museos, tomamos un trago (se me está pegando el mejicano, wey), jugamos al billar, llenamos las panzas y dejamos que la noche nos alcance. Visita a los exteriores del Staples Center; lástima que no haya partido de los Lakers. Me dejo algo pendiente, habrá que volver, ¿no? Para acabar la jornada nos movemos hasta The Standard, un precioso hotel en el Downtown de LA y que cuenta con un bar al aire libre que es una maravilla. Nos tomamos unas copas rodeados de rascacielos sentados en una de sus camas de agua. Un poco más de calor e incluso la piscina me hubiera conocido.


Nuevo día. Toca conocer Santa Mónica y su playa. No podíamos volver de este viaje sin ver el Pacífico. Cargamos nuestras cámaras dispuestos a disfrutar del azul del mar, la fina arena y la multitud de gente que ahí se concentra. De vuelta a casa, paramos para que pueda probar algo que aún no había hecho en todo el viaje (cosa rara donde las haya): ¡comerme una hamburguesa americana! Unas calorías extras pal cuerpo y a siestear un rato, no sea que queme lo recién zampado. Por la noche nos tomamos unas cervezas en otro bar de LA para concluir la aventura.

Besos angelicales.

#LA: Living Las Vegas (Post 5)

Es otro mundo. Las sensaciones que te provoca visitar esta ciudad son infinitas. Las Vegas es una ciudad asombrosa, fantástica, única, ruidosa, hortera, limpia, segura, cosmopolita... no sigo o dejo seco el libro de la RAE.

Nos alojamos en uno de sus hoteles-casino característicos. Paris Las Vegas. Aquí la mayoría de ellos representan ciudades, culturas, pueblos. Nuestro pequeño hogar tiene 3000 habitaciones. Y nos lanzamos a la aventura. Juego, gente de todo tipo, lujo, dinero, fiesta y un par de camaras réflex para inmortalizar cada segundo. Te sientes como en una de las muchas películas hollywoodienses, atraído por las luces de los edificios, las melodías de premio de las máquinas tragaperras, los/as crupiers que te invitan a su mesa, las chicas ligeras de ropa que te sirven una copa ahí donde la pidas, el tabaco permitido everywhere (menos en los lavabos), parejas de novios que celebran su boda exprés.

24 horas sin parar. Eso es un casino. Un negocio de dudosa reputación que engulle billetes sin parar. Y nosotros somos la mano que los alimentamos. Como no, echamos unos dólares a una tragaperras, mirando como cerezas, sietes, bares y corazones se marean dando vueltas y nos dan las gracias por jugar con ellos.

Llega la primera noche y es hora de seguir sintiéndose una estrella. Una limusina me lleva a conocer desde la comodidad de sus asientos el Downton y la zona de los casinos. Unas copas escuchando música y charlando y uno de los infinitos partidos de fútbol americano en las múltiples pantallas echan el cierre a la jornada.

Al día siguiente es hora de darse otro gustazo más para el recuerdo. Un vuelo en helicóptero desde Las Vegas hasta el Gran Cañón del Colorado. Maravilloso. Disfrutar de la belleza de la madre Tierra desde el aire y posarnos en una de sus esquinas para respirar el aire fresco. Son momentos para dejar que tus sentidos hagan REC y no olvidar un momento así. El viaje de ida y vuelta entre los estados de Nevada y Arizona es absolutamente increíble.

Tres días y dos noches disfrutando de Las Vegas. Ya puedo hacer una X a una de las visitas que no debéis perderos.

Besos al 7 rojo...

#LA: Columbus day (Post 4)

Llevos varios días sin actualizar mis vivencias. Entre viajes, falta de tiempo y no poder disponer siempre de wifi, se me ha acumulado la faena. Manos a la obra pues...

Pasados los tres días en LA, volvemos al campo base, San Juan Capistrano. Es miércoles día 10/10/2012 y sobrepasamos el mediodía. Por la tarde paseamos por la ciudad e intento que alguien arregle mis gafas. Misión fallida, las dos ópticas que visitamos nos aconsejan un funeral para la montura. Un poco de superglue y cinta adhesiva me ayudan a sobrevivir en momentos clave. Suerte que no las necesito las 24 horas.

Llega el 12 de octubre y uno se alegra de estar ajeno a todas las movidas que acontecen en España. Aquí también las hay, aunque, lógicamente, son de otro palo. Lo llaman Columbus Day y no hace falta que os explique el por qué. Me encuentro con varios manifestantes de origen hispano (mejicano sobre todo) reivindicando la brutalidad con la que los españoles colonizaron sus tierras. En sus pancartan rezan lemas como "Nuestros orígenes son indígenas, no españoles", "Suprimid el Columbus day", "No celebramos matanzas", etc. La verdad, razón no les falta.

En San Juan Capistrano se encuentra una de las misiones que los españoles construyeron en California. Visitamos lo que queda de lo que en su día fue una parroquia católica. Mi guía en forma de teléfono me ayuda a comprender lo que veo a cada paso que doy. Crecen mis razones para creer en las pancartas que exhibían hace un rato. Aunque algún alma con buenas intenciones y mejor corazón también aparece escondido en algún rinconcito de la visita.

El fin de semana siguiente es hora de volver a coger el coche y visitar más familia y amigos. Nuestro destino es Appley Valley, donde nuevos suculentos manjares aguardan nuestra llegada. Aprovecho el tiempo libre para leer un libro que no puede faltar en vuestras bibliotecas: Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini. Un par de días por estas tierras y nos movemos de nuevo, esta vez a algo totalmente diferente y nunca visto, Las Vegas.

Besos hispánicos. 

jueves, 11 de octubre de 2012

#LA: Entre estrellas (Post 3)

Domingo 07 de octubre de 2012. Una vez acabada la boda nos vamos a pasar unos días a casa de unos amigos, en Porter Ranch (California). Aunque no sé si la palabra casa queda a la altura de la morada en la cual descansamos. ¡Pedazo de mansión! Me he perdido varias veces buscando el lavabo...

Lunes por la mañana nos vamos a visitar Hollywood. No se puede concebir una visita a LA sin pisar el camino de las estrellas. En Hollywood Boulevard las encontramos a todas, una detrás de otra, bien ordenaditas en filas infinitas. Es gracioso pisar algo que has visto tantas veces en la pequeña pantalla. Paseo, fotos y a buscar una instántena del cartel más famoso que puedes encontrar en una montaña. Más fotos y en marcha de nuevo.

Acabado el paseo volvemos a casa. Nuestros anfitriones han preparado una barbacoa de carne y pescado, más diversos platos, con postres incluidos, que hacen las delicias de todos los presentes. Concluye el día entre juegos de cartas, charlas amenizadas con té y pastas y repaso a las fotografías capturadas.

Y, como no, en todo viaje que se precie, la tengo que liar de alguna manera. Esta vez han sido las gafas. Me las he cargado y aún no sé cómo. La patilla derecha no aguantó la fuerza de la gravedad. Tocará buscar solución.

Martes nos llevan Universal Studios Hollywood. Es básicamente un parque de atracciones construido alrededor de los estudios donde se han rodado miles de películas. Entre ellas seguro que está alguna de vuestras preferidas. El día transcurre entre atracciones, agua, shows, agua, fotos con personajes, agua y agua y agua. Me cago en los mengues, y nosotros sin cambio. Suerte que la temperatura acompaña y el día es soleado y caluroso.

Por la noche nos invitan a cenar al restaurante Castaway, sito en la parte alta de una montaña de Burbank, cerca de LA. Las vistas son acojonantes, el lugar de lujo y la comilona obtiene un 8,5 en mi gastronómetro. Echad un vistazo a las fotos en el enlace. ¡Brutal!

Anochece entre birras y conversaciones, ampliando mi spanarabicinglish a límites insospechados.

Me gusta el viaje. La mezcla de familia y turismo despierta pasiones en mí. Seguiremos viviendo el día a día y os contaré lo que sienta.

Besos de estrella. Souhel.



#LA: La boda de mi mejor primo (Post 2)

Es lo que tiene tener Hollywood tan cerca. No hay que exprimirse los sesos para poner título a ningún evento. Después de nuestra llegada a LA, ha tocado situarse un poco. Empezando por el jet lag de las narices. Ya le puedo decir 1000 veces a mi otro yo que el reloj marca las 15:00 de la tarde que él sigue empeñado en dormir sus 8 horas reglamentarias en ese momento. Acabo ganando la guerra con él, no sin más de un cabezazo como reprimenda. Mientras, no paran de sucederse los encuentros familiares. Lo único que tengo claro es que si un día decido imprimir mi árbol genealógico, voy a dejar el Amazonas más pelado que el ropero de Tarzán. El acúmulo de lágrimas, abrazos y besos crece exponencialmente a medida que pasan las horas.

Estamos alojados en San Juan Capistrano, a unos 90 km de Los Ángeles capital. Todo, absolutamente todo está escrito en español. La población es en gran medida hispanohablante. El pouporri que llevo de inglés, español, catalán y árabe me ha hecho perder el norte y creo que estoy inventando un idioma nuevo... reíros de las conversaciones entre Légolas y Aragorn, que cuando me oigáis a mí...

Aparte de la familia y sus costumbres hay algo que me hace sentirme a ratos como en Siria: la comida. Exquisita. Reconozco que disfruto comiendo. La variedad de platos, pan y postres hechos por mis tías y mis primas es digno de admirar. Comemos en la mesa, en el suelo, hacemos barbacoas, nos juntamos ciento y la madre. Hay un motivo de alegría que para ellos es muy importante: una boda. Mi primo se la juega. Cabroncete, no será por el viaje a Hawai, ¿no? Su jajaja como respuesta me hace hasta dudar. Las reuniones familiares acaban en cantes, bailes, aplausos, risas, fotos, videos... no veais la juerga que se montan sin nada más que la alegría de estar juntos y celebrar dicho acontecimiento. Yo, por supuesto, me uno a la fiesta. No sé si ríen alegres de verme bailar con ellos o es que no doy ni una con las danzas árabes. Seguramente lo segundo, porque aquí un servidor, baila mal hasta la conga.

La boda sigue unas pautas parecidas a las de cualquiera en España vía religiosa: encuentro en la iglesia, el novio que espera a la novia, la misa, las felicitaciones y todos a la cena-fiesta. Los detalles, marcan la diferencia. Lo que más llamo la atención es que habían 7 padrinos y 8 madrinas. Y vestían todos y todas igual. Y me quejaba yo de que me vistieran como mi hermano cuando era pequeño...

En fin, historias de bodas, familia y reencuentros. Hasta la próxima boda, toca viajar y conocer sitios. Os explicaré en próximos posts...

Besos de pastel. Souhel.

jueves, 4 de octubre de 2012

#LA: 25 horas que valen la pena (Post 1)

Miércoles, 03 de octubre, 05:00 de la mañana. Mi despertador me saca de la cama con una alegría empanada. Miro a mi cama con una lagrimilla que se lanza al vacío desde mi cara y pienso que en más de 24 horas no voy a ver una como ella. Viajar es genial, me encanta, lo adoro y estaría toda la vida haciéndolo, pero, qué queréis que os diga, estar todo el día de avión en avión haciendo trayectos de 10 horas..... es una mierdaaaaaaaaaa

Bien, después de sacarme esta espina clavada, os sigo contando. Día 1, el viaje hacia LA. Un servidor y mis padres. No hemos cogido un mal plan de vuelo. Hacemos Barcelona - New York y New York - LA. Para viajes tan largos nos provisionamos de libros y revistas que hagan más agradable nuestra estancia en las nubes. El primer trayecto se desarrolla con normalidad, sus 8 horas y media de comer, leer, hablar, visitar el mini sr. Roca varias veces y estirar las piernas de vez en cuando para no acabar con edemas hasta en las pestañas. Llegada a New York, pasar control de extranjería y a esperar el siguiente vuelo. Mi padre se espatarra en unos asientos delante de la puerta de embarque mientras mi madre y yo degustamos una delicatessen nortemaericana: capuccino en el Starbucks. ¿Algún italiano ha probado un café de éstos en EEUU? Si es así me extraña que no haya acabado a hostias con el encargado del local...

El segundo trayecto es más de lo mismo, aunque esta vez son 5 horas y media. Hasta ahora ya hay varias cosas que me han quedado claras: los estadounidenses hablan muy mal inglés (con lo bien que se entiende el inglés de Badalona), su café es horroroso y hasta ahora han sido muy simpáticos y agradables.

La llegada a LA es a la hora prevista. Son las 19:00 (04:00 del día siguiente en España) y mi prima Amal y mi tío Navib nos esperan. Mis lágrimas se concentran todas juntas detrás de mis ojos haciendo presión para salir. Son 18 años sin ver mi prima. Pero eso da igual. Los besos, abrazos, sonrisas y lágrimas son puros. 18 años concentrados en un instante. 18 años que vuelan. 18 años que se esfuman. Parece que fue ayer cuando íbamos juntos a comprar Hummus en Siria y hablábamos y reíamos todo el camino. Cogemos el coche. 1 hora de carretera. En casa nos espera más familia. La sensación es la misma. Con todos. Uno por uno. Y todavía quedan muchos por volver a ver. Domingo es la boda de mi primo. Hasta ese día, los reencuentros serán varios.

Mi felicidad es inmensa. No por la vacaciones. No porque haya venido a EEUU. No por volver a ver una cama que me espera con las sábanas abiertas. Es por que vuelvo a disfrutar de algo que la vida te concede de vez en cuando: una familia a quien querer con todo el corazón y sentirse querido. A pesar del cansancio, de los fanales que se me cierran, de Morfeo que me empuja a la cama, tengo que reconocer que han sido 25 horas que valen la pena.

Souhel.