Las vacaciones son un tiempo para disfrutar de infinidad de aventuras. Con este blog pretendo grabar cada momento para revivirlas con una sonrisa. Si quieres, puedes acompañarme.
Toca ir hacia el sur y conocer otro paraje más de California. San Diego. Antigua San Miguel, muy cercana a la fronteriza mejicana ciudad de Tijuana y sede de la mayor flota naval del mundo. Nos invitan a conocer el Sea World, con sus funciones de ballenas, delfines y orcas. Me paro a saludar a Ulisses, famosa orca que hizo las delicias de miles de niños en el zoo de Barcelona y que ahora vive aquí. Es la única a la que puedo saludar en catalán, aparte de a mis padres. Divertidos espéctaculos para pasar la mañana y después un volteo rápido con el coche por la ciudad y a llenar el buche en un restaurante a pie de mar donde degustamos pescado fresco y riquísimo.
Al día siguiente dejo a mis padres descansar tranquilamente en San Juan mientras un tren me lleva a Los Ángeles. Mi familia y amigos me acogen y me llevan a conocer más lugares. Volteo de nuevo por Hollywood, pisando estrellas y famosos, visitando museos, tomamos un trago (se me está pegando el mejicano, wey), jugamos al billar, llenamos las panzas y dejamos que la noche nos alcance. Visita a los exteriores del Staples Center; lástima que no haya partido de los Lakers. Me dejo algo pendiente, habrá que volver, ¿no? Para acabar la jornada nos movemos hasta The Standard, un precioso hotel en el Downtown de LA y que cuenta con un bar al aire libre que es una maravilla. Nos tomamos unas copas rodeados de rascacielos sentados en una de sus camas de agua. Un poco más de calor e incluso la piscina me hubiera conocido.
Nuevo día. Toca conocer Santa Mónica y su playa. No podíamos volver de este viaje sin ver el Pacífico. Cargamos nuestras cámaras dispuestos a disfrutar del azul del mar, la fina arena y la multitud de gente que ahí se concentra. De vuelta a casa, paramos para que pueda probar algo que aún no había hecho en todo el viaje (cosa rara donde las haya): ¡comerme una hamburguesa americana! Unas calorías extras pal cuerpo y a siestear un rato, no sea que queme lo recién zampado. Por la noche nos tomamos unas cervezas en otro bar de LA para concluir la aventura.
Es otro mundo. Las sensaciones que te provoca visitar esta ciudad son infinitas. Las Vegas es una ciudad asombrosa, fantástica, única, ruidosa, hortera, limpia, segura, cosmopolita... no sigo o dejo seco el libro de la RAE.
Nos alojamos en uno de sus hoteles-casino característicos. Paris Las Vegas. Aquí la mayoría de ellos representan ciudades, culturas, pueblos. Nuestro pequeño hogar tiene 3000 habitaciones. Y nos lanzamos a la aventura. Juego, gente de todo tipo, lujo, dinero, fiesta y un par de camaras réflex para inmortalizar cada segundo. Te sientes como en una de las muchas películas hollywoodienses, atraído por las luces de los edificios, las melodías de premio de las máquinas tragaperras, los/as crupiers que te invitan a su mesa, las chicas ligeras de ropa que te sirven una copa ahí donde la pidas, el tabaco permitido everywhere (menos en los lavabos), parejas de novios que celebran su boda exprés.
24 horas sin parar. Eso es un casino. Un negocio de dudosa reputación que engulle billetes sin parar. Y nosotros somos la mano que los alimentamos. Como no, echamos unos dólares a una tragaperras, mirando como cerezas, sietes, bares y corazones se marean dando vueltas y nos dan las gracias por jugar con ellos.
Llega la primera noche y es hora de seguir sintiéndose una estrella. Una limusina me lleva a conocer desde la comodidad de sus asientos el Downton y la zona de los casinos. Unas copas escuchando música y charlando y uno de los infinitos partidos de fútbol americano en las múltiples pantallas echan el cierre a la jornada.
Al día siguiente es hora de darse otro gustazo más para el recuerdo. Un vuelo en helicóptero desde Las Vegas hasta el Gran Cañón del Colorado. Maravilloso. Disfrutar de la belleza de la madre Tierra desde el aire y posarnos en una de sus esquinas para respirar el aire fresco. Son momentos para dejar que tus sentidos hagan REC y no olvidar un momento así. El viaje de ida y vuelta entre los estados de Nevada y Arizona es absolutamente increíble.
Tres días y dos noches disfrutando de Las Vegas. Ya puedo hacer una X a una de las visitas que no debéis perderos.
Llevos varios días sin actualizar mis vivencias. Entre viajes, falta de tiempo y no poder disponer siempre de wifi, se me ha acumulado la faena. Manos a la obra pues...
Pasados los tres días en LA, volvemos al campo base, San Juan Capistrano. Es miércoles día 10/10/2012 y sobrepasamos el mediodía. Por la tarde paseamos por la ciudad e intento que alguien arregle mis gafas. Misión fallida, las dos ópticas que visitamos nos aconsejan un funeral para la montura. Un poco de superglue y cinta adhesiva me ayudan a sobrevivir en momentos clave. Suerte que no las necesito las 24 horas.
Llega el 12 de octubre y uno se alegra de estar ajeno a todas las movidas que acontecen en España. Aquí también las hay, aunque, lógicamente, son de otro palo. Lo llaman Columbus Day y no hace falta que os explique el por qué. Me encuentro con varios manifestantes de origen hispano (mejicano sobre todo) reivindicando la brutalidad con la que los españoles colonizaron sus tierras. En sus pancartan rezan lemas como "Nuestros orígenes son indígenas, no españoles", "Suprimid el Columbus day", "No celebramos matanzas", etc. La verdad, razón no les falta.
En San Juan Capistrano se encuentra una de las misiones que los españoles construyeron en California. Visitamos lo que queda de lo que en su día fue una parroquia católica. Mi guía en forma de teléfono me ayuda a comprender lo que veo a cada paso que doy. Crecen mis razones para creer en las pancartas que exhibían hace un rato. Aunque algún alma con buenas intenciones y mejor corazón también aparece escondido en algún rinconcito de la visita.
El fin de semana siguiente es hora de volver a coger el coche y visitar más familia y amigos. Nuestro destino es Appley Valley, donde nuevos suculentos manjares aguardan nuestra llegada. Aprovecho el tiempo libre para leer un libro que no puede faltar en vuestras bibliotecas: Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini. Un par de días por estas tierras y nos movemos de nuevo, esta vez a algo totalmente diferente y nunca visto, Las Vegas.
Domingo 07 de octubre de 2012. Una vez acabada la boda nos vamos a pasar unos días a casa de unos amigos, en Porter Ranch (California). Aunque no sé si la palabra casa queda a la altura de la morada en la cual descansamos. ¡Pedazo de mansión! Me he perdido varias veces buscando el lavabo...
Lunes por la mañana nos vamos a visitar Hollywood. No se puede concebir una visita a LA sin pisar el camino de las estrellas. En Hollywood Boulevard las encontramos a todas, una detrás de otra, bien ordenaditas en filas infinitas. Es gracioso pisar algo que has visto tantas veces en la pequeña pantalla. Paseo, fotos y a buscar una instántena del cartel más famoso que puedes encontrar en una montaña. Más fotos y en marcha de nuevo.
Acabado el paseo volvemos a casa. Nuestros anfitriones han preparado una barbacoa de carne y pescado, más diversos platos, con postres incluidos, que hacen las delicias de todos los presentes. Concluye el día entre juegos de cartas, charlas amenizadas con té y pastas y repaso a las fotografías capturadas.
Y, como no, en todo viaje que se precie, la tengo que liar de alguna manera. Esta vez han sido las gafas. Me las he cargado y aún no sé cómo. La patilla derecha no aguantó la fuerza de la gravedad. Tocará buscar solución.
Martes nos llevan Universal Studios Hollywood. Es básicamente un parque de atracciones construido alrededor de los estudios donde se han rodado miles de películas. Entre ellas seguro que está alguna de vuestras preferidas. El día transcurre entre atracciones, agua, shows, agua, fotos con personajes, agua y agua y agua. Me cago en los mengues, y nosotros sin cambio. Suerte que la temperatura acompaña y el día es soleado y caluroso.
Por la noche nos invitan a cenar al restaurante Castaway, sito en la parte alta de una montaña de Burbank, cerca de LA. Las vistas son acojonantes, el lugar de lujo y la comilona obtiene un 8,5 en mi gastronómetro. Echad un vistazo a las fotos en el enlace. ¡Brutal!
Anochece entre birras y conversaciones, ampliando mi spanarabicinglish a límites insospechados.
Me gusta el viaje. La mezcla de familia y turismo despierta pasiones en mí. Seguiremos viviendo el día a día y os contaré lo que sienta.
Es lo que tiene tener Hollywood tan cerca. No hay que exprimirse los sesos para poner título a ningún evento. Después de nuestra llegada a LA, ha tocado situarse un poco. Empezando por el jet lag de las narices. Ya le puedo decir 1000 veces a mi otro yo que el reloj marca las 15:00 de la tarde que él sigue empeñado en dormir sus 8 horas reglamentarias en ese momento. Acabo ganando la guerra con él, no sin más de un cabezazo como reprimenda. Mientras, no paran de sucederse los encuentros familiares. Lo único que tengo claro es que si un día decido imprimir mi árbol genealógico, voy a dejar el Amazonas más pelado que el ropero de Tarzán. El acúmulo de lágrimas, abrazos y besos crece exponencialmente a medida que pasan las horas.
Estamos alojados en San Juan Capistrano, a unos 90 km de Los Ángeles capital. Todo, absolutamente todo está escrito en español. La población es en gran medida hispanohablante. El pouporri que llevo de inglés, español, catalán y árabe me ha hecho perder el norte y creo que estoy inventando un idioma nuevo... reíros de las conversaciones entre Légolas y Aragorn, que cuando me oigáis a mí...
Aparte de la familia y sus costumbres hay algo que me hace sentirme a ratos como en Siria: la comida. Exquisita. Reconozco que disfruto comiendo. La variedad de platos, pan y postres hechos por mis tías y mis primas es digno de admirar. Comemos en la mesa, en el suelo, hacemos barbacoas, nos juntamos ciento y la madre. Hay un motivo de alegría que para ellos es muy importante: una boda. Mi primo se la juega. Cabroncete, no será por el viaje a Hawai, ¿no? Su jajaja como respuesta me hace hasta dudar. Las reuniones familiares acaban en cantes, bailes, aplausos, risas, fotos, videos... no veais la juerga que se montan sin nada más que la alegría de estar juntos y celebrar dicho acontecimiento. Yo, por supuesto, me uno a la fiesta. No sé si ríen alegres de verme bailar con ellos o es que no doy ni una con las danzas árabes. Seguramente lo segundo, porque aquí un servidor, baila mal hasta la conga.
La boda sigue unas pautas parecidas a las de cualquiera en España vía religiosa: encuentro en la iglesia, el novio que espera a la novia, la misa, las felicitaciones y todos a la cena-fiesta. Los detalles, marcan la diferencia. Lo que más llamo la atención es que habían 7 padrinos y 8 madrinas. Y vestían todos y todas igual. Y me quejaba yo de que me vistieran como mi hermano cuando era pequeño...
En fin, historias de bodas, familia y reencuentros. Hasta la próxima boda, toca viajar y conocer sitios. Os explicaré en próximos posts...
Miércoles, 03 de octubre, 05:00 de la mañana. Mi despertador me saca de la cama con una alegría empanada. Miro a mi cama con una lagrimilla que se lanza al vacío desde mi cara y pienso que en más de 24 horas no voy a ver una como ella. Viajar es genial, me encanta, lo adoro y estaría toda la vida haciéndolo, pero, qué queréis que os diga, estar todo el día de avión en avión haciendo trayectos de 10 horas..... es una mierdaaaaaaaaaa
Bien, después de sacarme esta espina clavada, os sigo contando. Día 1, el viaje hacia LA. Un servidor y mis padres. No hemos cogido un mal plan de vuelo. Hacemos Barcelona - New York y New York - LA. Para viajes tan largos nos provisionamos de libros y revistas que hagan más agradable nuestra estancia en las nubes. El primer trayecto se desarrolla con normalidad, sus 8 horas y media de comer, leer, hablar, visitar el mini sr. Roca varias veces y estirar las piernas de vez en cuando para no acabar con edemas hasta en las pestañas. Llegada a New York, pasar control de extranjería y a esperar el siguiente vuelo. Mi padre se espatarra en unos asientos delante de la puerta de embarque mientras mi madre y yo degustamos una delicatessen nortemaericana: capuccino en el Starbucks. ¿Algún italiano ha probado un café de éstos en EEUU? Si es así me extraña que no haya acabado a hostias con el encargado del local...
El segundo trayecto es más de lo mismo, aunque esta vez son 5 horas y media. Hasta ahora ya hay varias cosas que me han quedado claras: los estadounidenses hablan muy mal inglés (con lo bien que se entiende el inglés de Badalona), su café es horroroso y hasta ahora han sido muy simpáticos y agradables.
La llegada a LA es a la hora prevista. Son las 19:00 (04:00 del día siguiente en España) y mi prima Amal y mi tío Navib nos esperan. Mis lágrimas se concentran todas juntas detrás de mis ojos haciendo presión para salir. Son 18 años sin ver mi prima. Pero eso da igual. Los besos, abrazos, sonrisas y lágrimas son puros. 18 años concentrados en un instante. 18 años que vuelan. 18 años que se esfuman. Parece que fue ayer cuando íbamos juntos a comprar Hummus en Siria y hablábamos y reíamos todo el camino. Cogemos el coche. 1 hora de carretera. En casa nos espera más familia. La sensación es la misma. Con todos. Uno por uno. Y todavía quedan muchos por volver a ver. Domingo es la boda de mi primo. Hasta ese día, los reencuentros serán varios.
Mi felicidad es inmensa. No por la vacaciones. No porque haya venido a EEUU. No por volver a ver una cama que me espera con las sábanas abiertas. Es por que vuelvo a disfrutar de algo que la vida te concede de vez en cuando: una familia a quien querer con todo el corazón y sentirse querido. A pesar del cansancio, de los fanales que se me cierran, de Morfeo que me empuja a la cama, tengo que reconocer que han sido 25 horas que valen la pena.
El día amanece con una disyuntiva; dudamos si entre dar la típica vuelta en barco rodeando Estocolmo que nos recomienda nuestra guía o visitar un cementerio que nos aconsejaron Sergio y Ari. Gana la segunda, haciendo caso al buen gusto de nuestros anfitriones. Y la verdad es que no nos defrauda para nada, al contrario, resulta ser una visita espectacular. Hoy por primera vez viajaremos en el metro de Estocolmo.
Skogskyrkogården se llama la preciosidad. Ahora vas y lo cascas. Yo llevo 48 horas intentando pronunciarlo y no he pasado de la segunda K. Descubrimos que el cementerio está declarado como Patrimonio Universal por la Unesco desde 1994. La conjunción de bosque con cementerio es una suma digna de admirar. La sensación de respeto y libertad que se vive a la vez y observar las tumbas de los difuntos mientras paseas por una arboleda acogedora es algo que debes vivir para poder explicarlo. Es en este enclave donde reposa para siempre la gran Greta Garbo. Una visita a su eterna morada y unas fotos con ella para el recuerdo.
Encaminamos la salida siguiendo el sendero de las siete fuentes. Tendremos que preguntar al sr. Google el por qué de ese nombre, porque aparte de un pedrusco lleno de agua con unas regaderas colgando, ni rastro de las fuentes. Dicho camino es el que recorren los allegados de los difuntos cuando se dirigen a una ceremonia de despedida en la capilla de la Resurrección. Nosotros lo recorremos al revés. Preferimos la idea de que estamos recorriendo el sendero de la vida. Acabamos la visita subiendo a la loma del Olmo, creada y diseñada para la meditación.
Vuelta en metro y parada en la estación de Gamla Stan. ¡Exacto! No podemos volver a casa sin ver una vez más este lugar. Además, queda cerca el edificio del parlamento sueco, el Riksdag. Hay visitas guiadas de casi una hora, así que no desaprovechamos la ocasión de conocer la historia de uno de los países demócratas símbolos del estado de bienestar. La visita no defrauda para nada.
Es hora de volver a casa. Otra oleada de morriña nos invade mientras desandamos el camino a pie. Pero nos espera una última sorpresa. Una manada de jóvenes se nos acerca y nos pide ayuda. Son universitarios y están haciendo un trabajo. Necesitan que nos demos un beso de 15 segundos. Por supuesto, ningún problema. Un beso de 15 segundos en plena calle del mar de Estocolmo y con varios jóvenes aplaudiendo y gritando a nuestro alrededor son un bonito colofón a nuestro viaje.
Hacemos la maleta, salimos de casa, subimos al autobús y llegamos al aeropuerto. Esta vez sí hay retraso con Vueling. Tampoco nos extraña. Media hora más tarde de lo previsto llegamos a Barcelona. Lo primero que vemos es a mi hermano Samir, su mujer Lorena y nuestro querido sobrino de apenas 1 mes de vida esperándonos. ¡Qué gran recibimiento! La baba se nos empieza a caer. Lo segundo que percibimos es la bofetada de calor con la que nos recibe Barcelona. Al final vamos a echar de menos los 15-20 ºC de Estocolmo.
Hoy vamos a seguir acumulando km. en nuestras patas. Queremos visitar la isla de Södermalm. Las sábanas se han vuelto a pegar un poco, así que desayunamos tranquilamente y nos ponemos en marcha. En Eriksplan nos subimos a un autobús que nos llevará hasta ella. Cruzamos por el puente de Långholmsgatan donde disfrutamos de unas vistas preciosas de Estocolmo al fondo.
Un fantástico sendero nos guía a través de la costa sur de esta isla, donde naturaleza y puertos para barcos conforman un paraje relajante y bello de admirar. Llegamos así hasta Slussen, donde se juntan de nuevo el lago y el mar Báltico. Decidimos abandonar el verde para perdernos entre edificios y personas. Paseamos por Södermalm hasta que de pronto una tromba de agua decide presentarse sin aviso. Por suerte un Mc Donald's nos saluda a nuestra derecha. Una hamburguesa, patatas y coca-cola y a esperar que se acabe el aguacero.
Salimos de la isla por Gamla Stan (sí, a propósito, nos encanta, ¿no lo habéis notado?) y acabamos en Skeepsholmen, diminuta isla que cuenta con algunos museos. Visitamos (por fuera) el museo de arte moderno (Moderna Museet), donde nos espera una obra de Yoko Ono. El árbol de los deseos. Consta en escribir un deseo en un papel y colgarlo en un árbol o unas plantas. Infinidad de deseos y esperanzas cuelgan de sus ramas. Desde hoy, las nuestras también.
Hoy volvemos a casa pronto. Ari, Sergio y Kiruna se van de vacaciones a Barcelona. Vuelven unos días a casa a ver familia, amigos y descansar. Los acompañamos hasta el autobús que les lleva al aeropuerto. ¡Qué penita verles marchar! Una nueva oleada de morriña crece en nuestro interior. No pasa nada, les veremos el próximo sábado en un chiringuito de la playa de Badalona. Hemos quedado para comer todos los amigos juntos.
Un paseo por Kungsholmen al atardecer para conocer algo más de Estocolmo y abrir el apetito cierra nuestra actividad del día. De vuelta a casa paramos en un súper para comprar algo de cena y poder prepararnos unos bocadillos para mañana. Unas partidas de cartas jugando a la escoba echan el telón al día. Mañana toca volver, pero intentaremos aprovechar al máximo el día.
Hoy nuestra intención es firme. Queremos ver los dos museos que os comenté en el post de ayer. Ambos se encuentran en la isla de Djugården. Y no vamos a volver a cometer la misma locura. Un autobús que para delante de casa nos lleva hasta la entrada de la isla, así que la opción está clara.
El primer museo que visitamos es el Skansen. Un museo al aire libre que cuenta con un zoológico dentro. En él podemos aprender cómo han vivido los suecos los últimos siglos. Reconstrucciones de sus casas y su forma de vida. Disfrutar de él al aire libre y sin lluvia es recomendable 100%. También podemos conocer una muestra de la fauna más común de Suecia. Lobos, alces, renos, linces, lechuzas y un sinfín de animales juegan y nos miran en nuestra visita. Llegamos justo en el momento en que una pareja de osos decide jugar delante nuestro. Es un momento entrañable.
Seguimos paseando y gozando de la naturaleza. Ver a las ardillas correr a nuestro lado sin miedo alguno dibuja una sonrisa en nuestra cara. Tres horas de visita y nuestras panzas reclaman de nuevo su dosis. Un perrito cada uno y un refresco y abandonamos el museo.
El segundo es el Museo del Vasa. Alberga el único buque del siglo XVII aún intacto, el Vasa. Alrededor de este buque se sitúan varias exposiciones que informan de su historia y presentan los objetos que estaban a bordo. Realmente es acojonante. No os lo podéis perder si vais por Estocolmo. Otras casi 3 horas nos dejan el día a punto de museos.
Volvemos a quedar con Ari y Kiruna y decidimos encontrarnos de nuevo en Gamla Stan. La verdad es que esta isla, centro histórico, nos tiene robado el corazón. Merendamos de nuevo en el mismo sitio. Bollería típica sueca, que está tremenda, y unas tazas de chocolate con nata y a triunfar como los pepinillos.
Toca volver y, como no, una fuerte lluvia nos quiere amargar el retorno. Ari, Kiruna y Gema vuelven en bus. A mí me toca de nuevo conducir la bicicleta empapado como un pollo. De vuelta a casa decidimos pedir cena. Comida japonesa es nuestra elección. Sushi, Maki y Sashimi acompañan nuestra velada.
Hoy las sábanas se nos han pegado un poco. El tute de ayer trae sus consecuencias. Pero no nos importa, estamos de vacaciones y descansar también es un premio. Planificar visitas con horarios y correr para no llegar tarde no es nuestro estilo. La improvisación forma parte de nuestra aventura. Ducha, vaso de leche y en marcha.
Hoy nuestro destino es Djugården, una isla en la zona este de Estocolmo. Otra pateada hasta llegar a ella. Vamos a acabar con muslos de ciclista al final. Antes de adentrarnos, un buen desayuno-comida para coger fuerzas en el barrio de Östermalm. Y a disfrutar de la naturaleza. Djugården es un antiguo coto de caza real. No me extraña que lo escogieran. Es un paraje bellísimo. El verde es el color predominante mires donde mires. Nos pateamos toda la isla con la sensación de que no estamos turisteando una capital europea; da la sensación de que hoy estamos de excursión por el bosque. Este paraje es el lugar ideal para lo que ya os comenté en el post anterior: los Pulitzer. Risas y más risas mientras usamos la cámara de fotos y la imaginación como arma de risoterapia. En esta isla encontramos dos museos que queremos ver: el Vasa y el Skansen. Pero eso lo dejamos para mañana, con más calma. Acabamos nuestra improvisada excursión de campo en Rosendal, donde descansamos un poco en una de sus terrazas. Floristería, bar y tienda de productos ecológicos nos rodean.
Ari y Kiruna nos vienen a buscar en coche y, con la excusa de la fina lluvia que empieza a caer, decidimos ir a buscar a Sergio al trabajo. Los 5 magníficos ya juntos nos vamos a cenar por ahí. Nos llevan a una terraza preciosa en la isla de Södermalm, donde unas preciosas vistas relajan nuestra cena. Vuelta a casa, jugamos con Kiruna, la echamos a dormir y montamos nuestra tertulia nocturna particular. Mañana más...
El despertador nos saca de la cama a las 08:15. La lectura la noche previa de una guía de Estocolmo hasta las 02:00 no impide que nos levantemos con ganas de comernos la ciudad. También es verdad que YolandaHagen viene a limpiar la casa de Sergio y Ari a las 09:00 y mejor no estorbar. A esa hora ya estamos en camino. Café con leche y napolitana de chocolate para desayunar en Eriksplan y a descubrir la capital de Suecia. El "silencio" sueco nos sigue sorprendiendo.
Disfrutamos de la biblioteca, similar en forma a la de Alejandría, descubrimos el lugar donde asesinaron a Olof Palme y visitamos su tumba en la iglesia de Adolf Fredrik, jugamos a recibir el premio Nobel en el Konserthuset y chafardeamos el mercado de frutas que hay a sus pies, en Hötorget. Nos dejamos caer por Kulturhuset, donde nos espera una maqueta chulísima de la ciudad y una terraza con unas bonitas vistas. Enfilamos el sur por Drottningattan, a la que bautizamos como la calle del Mar de Badalona. Destacar que hay tantos H&M en Estocolmo como iglesias en Roma. Comida de buffé libre en un asiático y recargamos pilas.
Otra de nuestras especialidades durante cualquier buen viaje que se precie son los Pulitzer. Es decir, hacer las típicas fotos turísticas haciendo el lerdo. Nuestro último post este año será un resumen del viaje en fotos. Y por supuesto, no faltará su apartado de Pulitzers. No os lo perdáis.
Con el buche lleno retomamos el turisteo. Vamos a seguir sumando km. a nuestros piernas. Seguimos la calle del Mar de Badalona hasta llegar a las puertas de ls isla de Gamla Stan, centro histórico de la ciudad. Antes de cruzar por Riksgatan, lugar donde se encuentra el parlamento, unos minutos para gozar de la casa del primer ministro (que no es un piso de 30 m2 del IKEA) y de la Ópera. Ya en la isla de Gamla visitamos el Kungliga Slottet (Palacio Real) y la Storkyrkyan (la Catedral). Son las 17:15 y Sergio y Kiruna han venido a buscarnos. Saboreamos una merienda con bollería típica, cafés y chocolates y nos perdemos entre las callejuelas de este precioso lugar. Os recomiendo no perderos este lugar si vais alguna vez a Estocolmo. Abandonamos el centro histórico con Sergio enseñándonos la esclusa, donde se separa el mar Báltico y el lago. Nos encaminamos a la isla de Södermalm, donde una elevada colina nos permite disfrutar de unas bellas vistas de Estocolmo.
Ya es tarde y Kiruna está cansada. Vuelta a casa, con un servidor circulando con la bicicleta de Sergio mientras él, Kiruna y Gema van en autobús. Cena en casita, charla de amigos y a descansar. Ha sido un día largo y tenemos que recuperar. Nos espera un nuevo día de caminar y visitar. Os contaré...
Nos despertamos con la resaca de Esplegares aún en el cuerpo. Son las 08:45 y no hay tiempo para despistes. Nuestro vuelo sale a las 12:00. Mi santa madre se ofrece (después de mi porfi, porfi, porfi) a hacer de taxista. Dejo el coche en su garaje y nos acompaña. En el aeropuerto de Barcelona hay más gente que en la guerra. Se nota que es agosto. Por suerte no embarcamos maletas y ya tenemos el check-in en nuestra mano; las colas en las compañías son largas como un ciempiés. Logramos pasar el control sin interrupciones policiales. Mi apellido y/o mi pelo largo me ha regalado una charla con la policía nacional más de una vez. Un tentempié, un par de revistas para amenizar las tres horas y cuarenta minutos de vuelo y ya estamos subiendo en el avión. Todo y volar con vueling, no hay retrasos ni problemas. Salimos a nuestra hora. Un viaje tranquilo leyendo entre cabezadas y llegamos a Estocolmo.
Nuestras tripas reclaman su dosis diaria y nos enchufamos un par de hamburguesas y una coca-cola. Nuestro primer contacto monetario con Suecia es lo esperado; joder, qué caro. Montamos en el autobús que me indicó Sergio en su e-mail pre-viaje y llegamos a estación central. Después de 2 cigarritos de espera llega Sergio a buscarnos en su Golf. "Nos vamos de concierto al aire libre". Ea, aún no hemos casi llegado y ya tenemos plan. Veni, vidi, vici. Besos, ¿cómo estáis?, todo bien y nos ponemos en marcha.
Sí, digan lo que digan, los suecos son silenciosos. Llegando a la zona del concierto, un parque muy bonito en medio de la ciudad, no se oye ni un ruido. "¿Seguro que es aquí? No se oye nada". Es subir los últimos peldaños y ver unas 200 personas preparadas para el evento. Aún no entendemos cómo hacen 200 personas en Suecia para no hacer ruido. En España......
Al rato llegan Ari y Kiruna. ¡Por Dios, qué mona y rica es esta niña! Son 17 meses de ricura que te hacen reír con cada movimiento y ocurrencia. Unos amigos de Sergio y Ari completan el círculo improvisado.
El concierto discurre tranquilamente hasta que a las 19:45 cae un chaparrón de 10 minutos. De ahí no se mueve ni el Tato. Ligeramente empapados seguimos disfrutamos del pentagrama de los protagonistas. Kiruna se lo está pasando en grande.
Vuelta a casa, cena y consejos sobre qué hacer en Estocolmo. A dormir, que en 24 horas hemos pasado por Esplegares, Badalona y Estocolmo. Esto es un no parar.
El día de vuelta es un día de morriña. Y de las gordas. No es sólo porque toca volver a casa. Para muchos es abandonar por un tiempo un lugar lleno de recuerdos. Es decir adiós a los amigos. Es decir adiós a la familia. Es tener que esperar otro año para poder disfrutar de las fiestas del pueblo. Quizá adiós sea una palabra demasiado dura para usar. Mejor soltar un... hasta luego.
Nos despertamos tarde. Son las 14:15 en mi reloj y soy el último en saludar al nuevo día. La fiesta de ayer no daba la opción de dormir menos de 5 horas. Y menos después de una visita virtual a la fábrica de Mon Chéri. Mi matutina visita al sr. Roca viene precedida de un joé qué caló. La ola de calor que nos visitó la semana pasada debe haber olvidado algo en España porque ha vuelto. Entonces recuerdo aquello que dije el martes por la noche: para el sábado nos apretamos un cocido, ¿vale? Pues dicho y hecho. La mesa ya está preparada con mi petición esperándome ahí delante. Por un momento me parece vislumbrar unos fídeos carcajeándose de mí. Un consejo: jamás se os ocurra comer un cocido a 38ºC. Entra de fáaaaaacil...... Eso sí, después de los 500 millones de litros de bebidas gasificadas que he ingerido esta última semana, los garbanzos tienen prohibido aterrizar en el aeropuerto de mi plato.
Con la barriga más llena que el neceser de Mc Gyver, preparamos las maletas y cargamos el coche. Javi, que se viene de vuelta con nosotros, trae también sus maletas porteadas por su familia que vienen en comité de despedida. Última charla en grupo y arrancamos con una lagrimilla asomando por un ojo. Volvemos a casa.
El viaje de vuelta es tranquilo. Siendo sábado, no hay tráfico en las carreteras. Parada en Òdena para que Javi cambie de coche. Ahí nos encontramos con Sílvia. Ellos a Calafell y nosotros a Badalona.
Una visita para saludar (y de paso cenar) a mis padres y ya estamos en casa. Pero no toca deshacer la maleta. Toca cambiar de maleta. Mañana partimos hacia Suecia. Ari, Sergio y Kiruna nos hacen un hueco en su casa para que disfrutemos de Estocolmo con ellos.
Se acabó el pueblo. Pero no las vacaciones. Os contaré qué se cuece en Suecia...
Las dos últimas noches de las vacaciones en el pueblo son un foco de demostración del poder y la energía de los #puretascansinos. Jueves, en Cortes de Tajuña. Viernes, en Riba de Saelices. Un homenaje a toda la discografía pop-rockera anglo-española. Poco más que añadir. Simplemente dejar plasmado el día a día (o mejor dicho noche a noche) de nuestro ¿descanso? vacacional.
Quiero convertir este post en una reivindicación. Las crisis actual amenaza nuestro día a día, pero también nuestros recuerdos. Las fiestas de pueblo son un buen momento para olvidar la presión diaria por la que pasamos y descargar toda la negatividad que podamos acumular. Eso sí, transformándola en amistad, amor y diversión. Recargar nuestras pilas y llenar de combustible de nuevo nuestro corazón.
Espero que nunca llegue el momento en que a nadie se le prive de su particular homenaje. A su historia, a sus recuerdos y a su esperanzas futuras.
Sigamos disfrutando todos de las fiestas de pueblo.
Miércoles nos despertamos con fuerza y muchas ganas de viajar . Nos espera una bonita excursión: conocer Siguënza y deleitarnos con las fantásticas imágenes que nos cede la naturaleza en el mirador de la Pelegrina.
Aprovechando la llegada de otro #puretacansino en tren a dicha ciudad, nos calzamos nuestros ropajes de explorador dispuestos a conocer todos los recovedos de la villa histórica. Su castillo convertido en parador, sus calles estrechas y empinadas, su aroma medieval y su aire cargado de historia hacen muy agradable nuestro paseo. Conocer la catedral y el Doncel de Sigüenza con la wikipedia abierta en nuestro smartphone haciéndonos de guía virtual, nos da un toque de grupo preparado y experto en busca de emociones turísticas culturales. Una vez digerida toda esta información histórico-visual nos encaminamos a otro tipo de digestión; la gástrica. Nuestros estómagos empiezan a reclamar su protagonismo. Unos platos combinados, unas hamburguesas más grandes que los chuletones de Ávila, cervezas, refrescos y un carajillo de Bailey's para todo el mundo nos deja preparados para la siguiente etapa. Javi ya ha llegado y, juntos, nos vamos al mirador de la Pelegrina.
Fantástico. Genial. Bello, muy bello. Gracias Félix Rodríguez de la Fuente por enseñarnos a disfrutar así de quien nos rodea por todos lados. La naturaleza y sus asombrosas obras de arte. Son minutos para relajarse contemplando el espectáculo. Los intentos de Marcos por atraer a los buitres a su brazo y la peligrosa maniobra de rescate ecológica de Javi salvando al lugar de una lata oxidada nos devuelven a la realidad. Es hora de hacer fotos del lugar, sin faltar la típica de grupo para llenar nuestros discos duros y de mirar entre sonrisas y asombro a los buitres que han venido a saludarnos (¿funcionará la táctica Marcos?). Vuelta al pueblo no sin antes tomarnos un último café para despedir la excursión en Alcolea del Pinar. Ducha, cena y nos vamos a tomar una cervezas a la Riba de Saelices para cerrar el día. A decir verdad, pensábamos que había fiesta del mojito, pero nuestra información estaba atrasada. Dicho evento había acabado 4 horas antes. No puede faltar la charla de grupo intentando arreglar la crisis, el conflicto sirio y el mundo en general. Hoy no hay fiesta.
Lunes después de fiestas suele ser un día de tranquilidad, paz y recuperación. Los 3 días de fiesta le dejan a uno el cuerpo pidiendo a gritos un colchón, a ser posible de viscoelastic. Centenares de jóvenes almas vagan por el pueblo sin un rumbo marcado en su timón. ¿Y los jóvenes? se preguntan los más veteranos del lugar. Durmiendo, echando la siesta, tumbado en el sofá o momificado en el sillón suelen ser las respuestas más habituales. A mí personalmente me sube la moral. Me clasifican en el grupo de jóvenes. A ver cuánto dura ésto...
Bien entrada la tarde las almas se reúnen en la plaza del pueblo y algunas de ellas llevan consigo lo que les causa estar aún más cansados: su descendencia. No sé qué cifras maneja ahora mismo España en cuanto a natalidad, pero os aseguro que Esplegares las debe romper todas. Un sinfín de niños/as motorizados o bicicletados y con más energía que una fisión nuclear inundan el centro de la villa. Pa'rriba, pa'bajo, pal suelo, choques, carreras... es más peligroso cruzar la plaza en ese momento que la calle principal de Ho Chi Minh. Eso sí, sacar un helado o una bolsa de gusanitos es como un imán; los tienes a todos babeando y alargando la mano hacia ti como si fuera un ataque improvisado de los zombies de the walking dead.
La noche se tercia para una barbacoa al aire libre. Panceta, chorizo, morcilla y somarro te hacen recordar que la dieta post-vacaciones tendrá que ser más estricta que la srta. Rottenmeier.
Y así llegamos al martes. Cuerpos bastante recuperados. Mentes, algo menos. Pero estamos en vacaciones y queremos aprovechar el tiempo. Una salida matutina en masa nos lleva a la piscina de Trillo, donde unos chapuzones, helados, paella para 18, tumbing al Sol, enseñar a nadar a los peques y un poco de lectura consumen las horas de luz. Vuelta al pueblo, ducha relajante, cena calórica y preparados para seguir quemando la noche con más fiestas de pueblo.
Toca Luzaga. No nos lo podemos perder. ¿Quiénes vamos? Pues como últimamente, todos los jóvenes del pueblo y nuestro grupo (si tienes entre 30 y 99 años estás aceptado). No tendremos su edad, pero fuerza, ganas y energía nos sobran. Los #puretascansinos (como así hemos decidido bautizar a nuestra peculiar manada) no solemos perdernos ni una. Unos minis, unos bailoteos al son de la orquesta, el juego de a ver quién aguanta más tiempo encima de un vaso de plástico sin romperlo y muchas risas componen el guión de una fantástica noche. ¡A tope con la maquinaria!
El último bis de la orquesta es el aviso de que llega la hora de la retirada. Vuelta al pueblo para descansar. Esto no se acaba aquí...
A las 15:00 del día 10 acaba mi jornada laboral. Es el momento de pintar una sonrisa imborrable en mi rostro, saltar de alegría, abrazar y besar a mis compañeros/as, escuchar sus palabras de ánimo y sus deseos de que disfrute, recoger mis bártulos, bajar las escaleras del ambulatorio como un niño sale al patio en su hora de recreo y mi ansia se libera gracias a mis cuerdas vocales..... ¡VACACIONEEEEEEES!
Con la laringe mandándome a tomar viento por mi ímpetu inesperado, me monto en el coche y voy a buscar a Gema, que está en su planeta particular. Juntos inventamos una nueva danza de bienvenida a las vacaciones mezclada con sonidos guturales de alegría. Los pocos transeúntes hacen como si no vieran lo que acontece. Son las 16:00. Enciendo el coche, nos ponemos el cinturón, pongo el aire a 24º y nos vamos de vacaciones.
Alguien más se une a viajar con nosotros. Una ola de calor ha decidido amenizar nuestro viaje. No hacemos más que preguntarnos cómo hacían 30 años atrás para soportar viajes de tantos km. en estas condiciones en coches sin A/C. Cada parada técnica es sentir que estás cerca del infierno. Uno siente que se le abrasa la piel con el simple rozar del viento. Pero no pasa nada... estamos de vacaciones.
Llegamos al pueblo. Y como decimos en Catalunya, arribar i moldre (llegar y besar el santo). Las fiestas de Esplegares ya están en marcha. Son 3 días intensos. Saludas a gente que hace justo un año que no ves, bailas, ríes, bebes y comes en la peña, te dejas llevar por la música de las orquestas, los tríos y las discos móviles, te conviertes en una oveja más que sigue a la charanga por todo el pueblo cantando y saltando, juegas a las cartas, estucas alguna que otra pared, comes y duermes como nunca, juegas al bingo en la plaza... en fin, nada nuevo en unas fiestas de pueblo, ¿no?
Y como cada año, concurso de disfraces. Este año nuestra peña decidió homenajear a nuestras campeonas de natación sincronizada. Aquí tenéis el resultado.
El telón de las fiestas se bajó domingo (bien, madrugada del lunes para muchos). Llega la hora de descansar, ir de excursión, jugar con el sobri, disfrutar de las fiestas de otros pueblos, pero, eso, para otros posts.
Retomo el blog de las vacaciones. Casi un año después de mi último post, tenemos nuevas aventuras vacacionales para contaros. Qué alegría poder escribir relajado. Relajación que provoca el ya mencionado vocablo mágico: vacaciones. Como cada año y para estas fechas nuestro destino es inamovible: Esplegares.
Esplegares es un pueblo más de los muchos que podéis encontrar en la Alcarria o en cualquier zona de Castilla. Aunque no es uno más para todo aquel que lo ha vivido, sea como autóctono o como foráneo invitado (yo, por ejemplo). Su gente y su idiosincrasia te sellan el corazón con tinta permanente. Y lo agradeces, porque lo que no quieres es que se borre jamás su recuerdo.
Ancha es Castilla y anchas son las sensaciones que producen en mí este diminuto gran pueblo. Fiestas, paseos, charlar con la gente, excursiones... Esplegares y sus cercanías ofrecen una gran variedad de actividades para disfrutar de una vacaciones en el pueblo. Os contaremos qué se cuece este año en próximos posts.