Miércoles, 03 de octubre, 05:00 de la mañana. Mi despertador me saca de la cama con una alegría empanada. Miro a mi cama con una lagrimilla que se lanza al vacío desde mi cara y pienso que en más de 24 horas no voy a ver una como ella. Viajar es genial, me encanta, lo adoro y estaría toda la vida haciéndolo, pero, qué queréis que os diga, estar todo el día de avión en avión haciendo trayectos de 10 horas..... es una mierdaaaaaaaaaa
Bien, después de sacarme esta espina clavada, os sigo contando. Día 1, el viaje hacia LA. Un servidor y mis padres. No hemos cogido un mal plan de vuelo. Hacemos Barcelona - New York y New York - LA. Para viajes tan largos nos provisionamos de libros y revistas que hagan más agradable nuestra estancia en las nubes. El primer trayecto se desarrolla con normalidad, sus 8 horas y media de comer, leer, hablar, visitar el mini sr. Roca varias veces y estirar las piernas de vez en cuando para no acabar con edemas hasta en las pestañas. Llegada a New York, pasar control de extranjería y a esperar el siguiente vuelo. Mi padre se espatarra en unos asientos delante de la puerta de embarque mientras mi madre y yo degustamos una delicatessen nortemaericana: capuccino en el Starbucks. ¿Algún italiano ha probado un café de éstos en EEUU? Si es así me extraña que no haya acabado a hostias con el encargado del local...
El segundo trayecto es más de lo mismo, aunque esta vez son 5 horas y media. Hasta ahora ya hay varias cosas que me han quedado claras: los estadounidenses hablan muy mal inglés (con lo bien que se entiende el inglés de Badalona), su café es horroroso y hasta ahora han sido muy simpáticos y agradables.
La llegada a LA es a la hora prevista. Son las 19:00 (04:00 del día siguiente en España) y mi prima Amal y mi tío Navib nos esperan. Mis lágrimas se concentran todas juntas detrás de mis ojos haciendo presión para salir. Son 18 años sin ver mi prima. Pero eso da igual. Los besos, abrazos, sonrisas y lágrimas son puros. 18 años concentrados en un instante. 18 años que vuelan. 18 años que se esfuman. Parece que fue ayer cuando íbamos juntos a comprar Hummus en Siria y hablábamos y reíamos todo el camino. Cogemos el coche. 1 hora de carretera. En casa nos espera más familia. La sensación es la misma. Con todos. Uno por uno. Y todavía quedan muchos por volver a ver. Domingo es la boda de mi primo. Hasta ese día, los reencuentros serán varios.
Mi felicidad es inmensa. No por la vacaciones. No porque haya venido a EEUU. No por volver a ver una cama que me espera con las sábanas abiertas. Es por que vuelvo a disfrutar de algo que la vida te concede de vez en cuando: una familia a quien querer con todo el corazón y sentirse querido. A pesar del cansancio, de los fanales que se me cierran, de Morfeo que me empuja a la cama, tengo que reconocer que han sido 25 horas que valen la pena.
Souhel.

La sensació de la que parles o s'ha sentit i s'entén, o ni es pot imaginar!
ResponderEliminarM'alegro que tot vagi genial! Gaudeix al màxim!!!
Petonets!