El día amanece con una disyuntiva; dudamos si entre dar la típica vuelta en barco rodeando Estocolmo que nos recomienda nuestra guía o visitar un cementerio que nos aconsejaron Sergio y Ari. Gana la segunda, haciendo caso al buen gusto de nuestros anfitriones. Y la verdad es que no nos defrauda para nada, al contrario, resulta ser una visita espectacular. Hoy por primera vez viajaremos en el metro de Estocolmo.
Skogskyrkogården se llama la preciosidad. Ahora vas y lo cascas. Yo llevo 48 horas intentando pronunciarlo y no he pasado de la segunda K. Descubrimos que el cementerio está declarado como Patrimonio Universal por la Unesco desde 1994. La conjunción de bosque con cementerio es una suma digna de admirar. La sensación de respeto y libertad que se vive a la vez y observar las tumbas de los difuntos mientras paseas por una arboleda acogedora es algo que debes vivir para poder explicarlo. Es en este enclave donde reposa para siempre la gran Greta Garbo. Una visita a su eterna morada y unas fotos con ella para el recuerdo.
Encaminamos la salida siguiendo el sendero de las siete fuentes. Tendremos que preguntar al sr. Google el por qué de ese nombre, porque aparte de un pedrusco lleno de agua con unas regaderas colgando, ni rastro de las fuentes. Dicho camino es el que recorren los allegados de los difuntos cuando se dirigen a una ceremonia de despedida en la capilla de la Resurrección. Nosotros lo recorremos al revés. Preferimos la idea de que estamos recorriendo el sendero de la vida. Acabamos la visita subiendo a la loma del Olmo, creada y diseñada para la meditación.
Vuelta en metro y parada en la estación de Gamla Stan. ¡Exacto! No podemos volver a casa sin ver una vez más este lugar. Además, queda cerca el edificio del parlamento sueco, el Riksdag. Hay visitas guiadas de casi una hora, así que no desaprovechamos la ocasión de conocer la historia de uno de los países demócratas símbolos del estado de bienestar. La visita no defrauda para nada.
Es hora de volver a casa. Otra oleada de morriña nos invade mientras desandamos el camino a pie. Pero nos espera una última sorpresa. Una manada de jóvenes se nos acerca y nos pide ayuda. Son universitarios y están haciendo un trabajo. Necesitan que nos demos un beso de 15 segundos. Por supuesto, ningún problema. Un beso de 15 segundos en plena calle del mar de Estocolmo y con varios jóvenes aplaudiendo y gritando a nuestro alrededor son un bonito colofón a nuestro viaje.
Hacemos la maleta, salimos de casa, subimos al autobús y llegamos al aeropuerto. Esta vez sí hay retraso con Vueling. Tampoco nos extraña. Media hora más tarde de lo previsto llegamos a Barcelona. Lo primero que vemos es a mi hermano Samir, su mujer Lorena y nuestro querido sobrino de apenas 1 mes de vida esperándonos. ¡Qué gran recibimiento! La baba se nos empieza a caer. Lo segundo que percibimos es la bofetada de calor con la que nos recibe Barcelona. Al final vamos a echar de menos los 15-20 ºC de Estocolmo.
Ya estamos en casa.
Besos de 15 segundos. Souhel.


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